LA PEOR PARTE DE MI VIDA
Voy a contaros la
historia más triste jamás contada… Era una noche de invierno, cuando de repente
escucho a mi hermana gritar. Me asusté y fui corriendo… Pensaba que era una
pesadilla como casi todas las noches, tiene solo a penas 6 años. Esta vez, no
era un grito que daba siempre. Decidí preguntarle:
-
¡¿Qué te pasa?! ¡¿Y esos gritos?!...
-
No sé… Me da miedo contártelo… No quiero
asustarte, ¿se lo dirás a los papás?
-
Tranquila… No tienes que estar asustada,
sabes que puedes contar conmigo. ¿Lo sabes?
-
Vale… Llevo desde hace tiempo que me duele
mucho la cabeza, me despierto y grito. Son dolores muy fuertes y en el cole…
-
¿En el cole que pasa? ¿Te has mareado?
-
Podría decir que sí…
-
¿Muchas veces o pocas?
-
Muchas…
-
¿Por qué no me lo contaste antes?
-
No sé… No le daba mucha importancia. Me
mareo a veces porque no bebo mucha agua o por algo.
-
Vale… Mañana hablamos con los papás. Les
tienes que contar todo lo que me has contado, ¿vale?...
-
¿Pero vas a estar conmigo cuando se lo
cuente?
-
Sí… Ahora a dormir, que son las 3 de la
mañana.
-
¿Puedo irme a tu cama?
-
¡Sí, claro!
Tras mantener esa
conversación, nos fuimos a la cama. Ella nada más echarse se durmió, pero yo me
quedé despierta un rato. Estuve reflexionando sobre qué es lo que podía tener
mi hermana. Yo quería solo pensar que eran migrañas, pero era un poco
consciente que no era así. Estaba en quinto de carrera de Medicina y en uno de
los cursos nos explicaron los tipos de cáncer y sus síntomas. Sin embargo,
pensar en que ella tenía cáncer cerebral, el mundo se me venía abajo.
Eran ya las 7:30 horas
cuando me desperté. No sabía si irme a desayunar o esperar a que mi hermana se
despertara. A las 8 se despertó, nos levantamos y bajamos a desayunar. Mis
padres se acababan de despertar también, por lo que fue el momento perfecto
para poder contarles todo. Desayunamos los cuatro, ya había pasado como unos 10
minutos, pero para mí fueron eternos, estaba incómoda y dudosa. Mi madre se
percató de que había algo que estaba ocultando así que me preguntó:
-
Marta, ¿hay algo que me quieras contar? Te
veo un poco como incómoda. ¿Qué pasa?
-
Cogí aire y le conté todo a mis padres,
todo lo que me contó mi hermana anoche. Mis padres asustados, me dijeron:
-
¿Por qué no nos lo dijiste antes?
-
Lo he sabido esta noche, ella no me lo ha
contado hasta hace poco- contesté con la cabeza hacia abajo-.
Mi madre, cuando me hizo
una señal que indicaba que fuera a la cocina, me dijo: “No pasa nada. Hoy
llamaré al Hospital para que le hagan una prueba en la cabeza por si acaso. ¿Tú
que piensas que tiene tu hermana?” Le miré un poco con cara de extraña y le
respondí: “No lo sé seguro, pienso que tal vez son migrañas, pero también hay
una posibilidad de que tenga cáncer cerebral. Llama cuanto antes al médico y
que te de una cita”
Mi madre llamó al
Hospital y le comentaron que fuera hoy al médico, que le harían la prueba hoy.
Volvimos al salón para terminar de desayunar. Posteriormente, nos fuimos a
visitar al doctor. Durante el viaje, le expliqué a mi hermana en qué consistía
una resonancia magnética. No obstante, la regla que debía cumplir es que no
podía moverse. Le aconsejé que para evitar moverse cerrara los ojos y pensara
en algo que le gustara mucho o que pensara que estaba en una nave espacial.
Nada más llegar allí, se agarró y no quería soltarse, tenía miedo. Me preguntó
si me podía meter dentro con ella, le dije que no, que esa prueba se la tenían
que realizar solo a ella. Le insistí mucho en la importancia del estudio de su
cabeza, por lo que al final conseguí convencerla. Mis padres y yo estuvimos 45 minutos
esperando a que saliera. Al llegar a casa, les dije a mis padres que quería
hacer yo la cena, quería preparar una cena especial, ya que era su aniversario
de casados.
Pasó una semana después
de que a mi hermana le hicieron el estudio de su cerebro, fuimos a por las
pruebas. El médico, cuando nos las dio las nos miró con cara de no sé cómo
explicarles el resultado. Entramos a su despacho y nos lo explicó todo. Mi
hermana no escuchaba nada, porque mis padres lo decidieron así, le dejé mis
auriculares para escuchar música. De camino a casa, le tuve que explicar a mi
hermana todo. Mis padres decidieron que era yo la más adecuada a contárselo,
por lo que estuve pensando en cómo decírselo, en que tenía cáncer cerebral. Le
dije estas palabras: “Hermanita. Te voy a explicar lo que nos han dicho el
médico, ¿vale? Dentro de tu cerebro hay un bicho que es malo para ti y para
todas las personas. Ese bicho, en una palabra, más culta, se le llama tumor.
Digamos que ese animal dañino te ha ocasionado que estés malita y que te duela
mucho la cabeza y te marees. Tenemos que ir al médico de vez en cuando. Quiero
que me escuches con mucha atención con lo que te quiero decir ahora ¿vale? Hay
días que vamos a tener que ir al doctor para que te mejores y no empeores, porque
el animalito que está dentro de tu cabeza puede hacer que te pongas malita. Te
acompañaré siempre que pueda” Intenté no llorar, porque tristemente, a mi
hermana, como a muchos niños, le tocaba vivir esta situación. Para mí, lo peor
es que tenía que explicarle todo como si no tuviera que darle importancia, pero
solo tiene apenas 6 años.
A medida que iba pasando
el tiempo, aumentaba las visitas al médico. A pesar de la quimioterapia y se le
iba cayendo el pelo poco a poco. El médico me recomendó que le pusiera un
pañuelo a partir de ahora, porque el cabello se le iba a caer con mayor intensidad.
Cada vez, los años
pasaban más rápido y era más complejo explicar todo de una forma que ella
pudiera entenderlo hasta los 15 años más o menos. Luego, usé palabras más
técnicas: “tumor”, “quimioterapia”, “radioterapia”, etc. Ella se iba dando
cuenta progresivamente que su enfermedad iba a empeorar y sabía la situación en
la que estábamos pasando mis padres y yo.
Tristemente, durante casi
todo un año, el mismo año que iba a cumplir los 18 años, estuvo ingresada en el
Hospital. Al llegar noviembre, exactamente, el día de su cumpleaños, cuando iba
a ser mayor de edad, la vida se le apagó. Para mí, fue el peor día de mi vida,
porque a pesar de nuestra diferencia de años y que nos peleamos alguna vez, la
quería mucho. Ella era la que siempre me sacaba una sonrisa con cualquier
tontería o con su simple sonrisa o cuando se reía; fue la que dio sentido a mi
vida y la que me dio más razones para estudiar Medicina. Pero ahora, se me ha
ido de mi lado y es algo que no puedo soportar. El día de su funeral vinieron
muchos amigos suyos y me dieron los regalos que le compraron, para mí fue algo
muy bonito. Incluso le habían preparado una fiesta sorpresa. Aquel día se me
iba a quedar grabado en mi mente para el resto de mi vida.
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